miércoles, 13 de diciembre de 2017

El nacionalismo a extirpar

Probablemente uno de los debates que más se está llevando a cabo en los últimos meses es el del nacionalismo. Mientras que nacionalistas españoles, vacíos de ideología propia, arremeten contra los catalanes calificándolos peyorativamente de nacionalistas, otros nacionalistas españoles, esta vez marxistas (o supuestamente marxistas) calificaban los sucesos como un choque de nacionalismos e intereses burgueses.

Aunque no esté enmarcado con ninguno de estos grupos, veo que ambos tienen razón en lo que alegan: Los que encabezan el independentismo catalán son nacionalistas, el nacionalismo es algo malo y se está produciendo un choque de intereses burgueses. Ahora bien, ¿basta con quedarse ahí? La respuesta obvia es no.

La nación es un constructo burgués creado o bien por una burguesía nacionalista que puso su empeño en crear su nación propia entorno a un pueblo (caso de la nación alemana) o bien accidentalmente al crear la burguesía las condiciones necesarias para hablar de nación (caso de la nación inglesa). Pero estos casos también se pueden aplicar a naciones subyugadas, sin Estado, donde la burguesía ha desarrollado, accidentalmente o no, una nación distinta de aquella que la gobierna. Es el caso, por ejemplo, de Irlanda.

Y el caso es que la nación es un concepto inherente al capitalismo, el capitalismo necesita de la nación y viceversa. No se puede hablar de naciones en fases previas al capitalismo, dado que no existía burguesía dominante que las creara. La nación es, entonces, un progreso frente al feudalismo y una condición material de la clase obrera, que debe asimilar como su propio contexto de lucha de clases, contexto en el que avanzará hacia el socialismo. Es por ello que la clase obrera debe luchar por la independencia de aquellas naciones oprimidas por otras, teniendo siempre en cuenta que es una opresión de una burguesía contra otra.

Aún así, la clase obrera nunca puede denominarse nacionalista. Una persona nacionalista es aquella que defiende a la nación y sus rasgos culturales, comportamiento que un marxista no puede tener, dado que sería defender un sentimiento burgués. Un marxista sólo luchará por la independencia de la nación para poder avanzar hacia el socialismo y, una vez se llegue al comunismo, destruir la nación como constructo burgués que es. Un marxista que viva en una nación oprimida debe ser independentista, pero no nacionalista. ¿Y acaso importa que se llame nacionalista o no? Claro que sí, y para explicarlo pondré el ejemplo del nacionalismo en China.

El considerado padre de la nación en China, tanto en la continental como en Taiwán, Sun Yat-sen, fue el principal impulsor del nacionalismo chino, o quizá no. Sun Yat-sen fundó el Kuomintang, partido político republicano que comenzó como agrupación de ideologías desde el comunismo hasta el nacionalismo de derechas que más tarde evolucionaría en fascismo. De hecho, en el tiempo de Sun Yat-sen, la internacional comunista trabajó muy duro por mezclar el Kuomintang y el Partido Comunista Chino, intentando Sun establecer un modelo de partido leninista. El Kuomintang se fundaba en tres principios básicos, los Tres Principios del Pueblo, que eran la base de la doctrina de Sun.



Como bien sabemos, China siempre ha sido un país con una filosofía muy espiritual, y eso hizo que los conceptos ideológicos de todas las eras tuvieran un aspecto más místico para los occidentales. La riqueza de palabras y conceptos que desconocemos en Europa tiene sus consecuencias cuando los intérpretes traducen del chino textos sobre filosofía y política. Sun habló de minzu, minquan y minsheng, lo que quisieron traducir con una palabra, encontrando como más próximos a dichos significados nacionalismo, democracia y bienestar, aunque las definiciones más acertadas serían gobierno del pueblo, gobierno por el pueblo y gobierno para el pueblo.

Sun defendía que los chinos necesitaban una identidad nacional (no existente en su época, China aún era un país feudal) para unirse contra el imperialismo de las potencias occidentales y Japón. Se puede entender como un nacionalismo anticolonial, la llamada a la unión de los chinos para llevar las riendas de su destino. Aquí se puede hablar de nacionalismo, dado que Sun sí que estaba defendiendo la nación, o más bien la creación de la nación. Este principio, como los otros dos, sería defendido por todos los sectores del Kuomintang y del Partido Comunista Chino.

La diferencia de ideologías que luego defenderían los Tres Principios del Pueblo (habiendo en el Kuomintang sectores socialdemócratas, conservadores y fascistas y en el PCCh sectores marxistas-leninistas, maoístas y trotskistas) provocó que su interpretación también fuera variada. Mientras que en el Kuomintang sí que se llevó a cabo una política nacionalista escudándose en en primero de los principios, el Partido Comunista Chino supo interpretar bien su significado, dejando de ser nacionalista (o por lo menos en algunos sectores).

Se entiende aquí que el nacionalismo es siempre la defensa de la nación. En este caso, defender a la nación fue defender al pueblo, pero eso era porque la nación no existía y el pueblo no podía tomarla para empoderarse. En el caso catalán, por ejemplo, la clase obrera ya tiene una nación que tomar, y defender los valores nacionales es caer en el discurso burgués. La defensa de la independencia de la nación nos hace independentistas, no nacionalistas.

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